El horno comunal: calendario, turno y convivencia
Los turnos se organizaban al alba, las masas llegaban marcadas y la pala circulaba como una llave compartida. Aprendías mirando: cómo cargar, dónde ubicar, cuándo girar. El calor no era uniforme, y esa imperfección educaba criterio. Al final, la plaza olía a corteza y conversación. Las hogazas se volvían noticias, intercambios y sonrisas. Recuperar ese espíritu, aunque sea en reuniones vecinales o talleres, devuelve al pan su función social: encender encuentros, sostener tradiciones y recordar que lo cotidiano también puede ser extraordinario.